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14 maggio 2010

Después del eurobailout

por Pino Cabras - Megachip.



Quien sabe porqué las bolsas se han alegrado tanto después del anuncio de los 750 mil millones de euros aprobados en plena emergencia de la especulación.
Quien sabe porqué los títulos de los bancos se apreciaban más que los otros.
Será porque los bancos ya tenían a alguien que se comprometía a comprar sus créditos incobrables. El Banco Central Europeo ahora está dispuesto a crear moneda de la nada con reglas nuevas con tal de salvarles, bancos y banquitos.

El aumento de la alarma sobre las deudas soberanas tiene una base auténtica, de seguro. Esas deudas anómalas existen porque los Estados se han sobrecargado de cometidos a menudo contradictorios, insostenibles, gravados por la corrupción y clientelas que son inducidas a consumir hoy los recursos del mañana.
Es menos auténtico el momento en el que se dispara la alarma. Han sido los especuladores los que han elegido el momento y el modo: las hienas asaltaban a los ñúes más aislados y más pequeños, haciendo un favor a las bestias más grandes y enfermas, pero que todavía son capaces de esconder el estado en que se encuentran. Dosificando las alarmas donde querían los depredadores, los tipos de interés por los títulos de estado griegos debían de subir vertiginosamente y su rating precipitarse hasta que queda apenas por encima del valor de papel usado: de esta manera resultaba fácil comprarlos a precios bajos, con la conveniencia a medio plazo de lucrar intereses dobles o triples respecto a hace pocos meses. El mismo mecanismo contra Portugal y España: profecías que amenazaban con auto cumplirse, en el frágil juego de la finanza siempre basada sobre las expectativas.
Ahora, para tapar las aventuras riesgosas de los corsarios globales, ha sido definitivamente arrastrada la construcción europea en su conjunto.
En teoría la finanza debería lubricar la economía subyacente, ahí tendría su justificación de más. Sin embargo la “economía de la estafa” en la que estamos cada vez más atornillados ha cambiado desde hace mucho tiempo y razón social. La finanza es completamente “antieconómica”, chupa recursos de la economía real, esquila más allá de lo intolerable a los contribuyentes, es una bomba de tiempo contra cualquier infraestructura de la vida civil de pueblos enteros. El círculo de amigos de siempre que comprende Goldman Sachs y otros lobos que están de guardia en el corral se beneficia de este ulterior salto de la deuda y consolida su dictadura sobre las linfas financieras del mundo.
Los Estados han sido empujados en los últimos dos años hacia los límites extremos de su capacidad de endeudarse y de derrochar los balances. En los ejemplos más vistosos, como la deuda norteamericana o la británica (precisamente en casa de quien nos insulta como PIGS) es evidente que las deudas están por encima del umbral de la posibilidad de pagarlas. Se pueden inventar enroscamientos de la espiral cada vez más sofisticados, se puede hacer por ejemplo este “upgrade” europeo, con la BCE que compra lo que no se puede comprar, pero alguien pagará.
Dada la dimensión de la deuda que resultará, se pagará durante décadas. Mientras que los sistemas políticos y los mundos sindicales – dado que no cuentan con un pensamiento alternativo a la altura de la situación, – evocarán por largo tiempo como un mantra el miraje del crecimiento, en cambio pronto deberán hacer las cuentas con su parte opuesta, el decrecimiento.
El decrecimiento ya está en el campo. Pero ahora está congelado, lo bastante como para dar respiro también a los depredadores financieros, listos para aprovechar dentro de poco la nueva carrera a los diferenciales de tipo de interés entre economías irremediablemente atascadas y economías apenas un poco más saludables.
Las lágrimas y la sangre impuestas por los banqueros degradarán la base contributiva y por lo tanto las finanzas públicas, cada vez menos capaces de afrontar el aumento de la desocupación y de la integración de los réditos de quien se ve obligado a suspender el trabajo.
Los 750 mil millones de “bailout” al euro son una cifra enorme, decidida en un fin de semana. Debería valer la pena asignarlos para un objetivo capaz de coincidir con intereses profundos de las poblaciones involucradas. Pero pensándolo bien, esta cantidad servirá solo para mantener en pie un sistema que tendría sentido si hiciese su labor, es decir, dar créditos a quien se ocupa de una empresa, pero que en cambio se ocupa de otra cosa: seleccionar recursos en favor de un grupo de criminales legalizados. Ellos, los protagonistas principales de la crisis de las finanzas privadas, han pasado el timón a las finanzas públicas. El sistema bancario en las sombras no se recorta nada. Los Estados reducirán sueldos y escuelas, como ya están haciendo, y mucho mucho más.
De vez en cuando un Obama, una Merkel o un Sarkozy prometen desastres contra los patrones de Wall Street. Pero poco tiempo después ceden y ofrecen más liquidez, en cantidades de cientos de miles de millones. Serán repagados con una ingratitud total por Soros y los demás filántropos de su calibre.
Porque éstos primero se hacen salvar, después –autodefiniéndose como “los Mercados”- pretenderán que los Estados demuestren que son menos cigarras y más hormigas, con los habituales recortes y las habituales recetas de masacre social que funcionarán como las patologías iatrogénicas, enfermedades para las que ellos creen que son el tratamiento. El erario disminuirá hasta que proporcione el pretexto para renovadas alarmas de insolvencia.
A ese punto, el tratamiento propuesto para el desastre provocado por los bancos y por las tecnocracias financieras será: más bancos y más tecnocracias.
Ellos en efecto no se exponen y no aparecerán. La cara que quedará expuesta a la rabia de los defraudados será la de los Papandreu de turno, de los políticos cada vez menos votados y menos legitimados (ya cunde el abstencionismo en las urnas), mientras las caras de bronce, las lenguas de madera y los culos de piedra de los Goldman Draghi, irradiarán la tranquilizadora tibieza de la tecnofinanza.
Esos 750 mil millones decididos en el fin de semana por el Consejo Economía y Finanza de la Unión Europea no sirven por lo tanto a los intereses profundos de las poblaciones involucradas. Para poder servir tendrían que haber sido acompañados por medidas drásticas de otro tenor: abolir los derivados, castigar con órdenes de captura internacional para quien practica técnicas bajistas, que usa los algoritmos para las especulaciones que se realizan en fracciones de segundo y todo el casino de las sutilezas tecno financieras que usurpan la palabra “mercados”.
Europa simplemente tenía que colocar todo ello bajo la denominación “estafa”.
No hubiera sido un escándalo nacionalizar los bancos. Y en vez de prometer, en caso de necesidad, la compra de bonos bancarios, los Estados hubieran debido dotarse de la posibilidad de adquirirlos directamente. El jefe de la Goldman Sachs, el señor Lloyd Blankfein, hubiera de esta manera agachado la cresta, sobretodo si le hubiese llegado también un simpático aviso que le explicase que no meta un pie en Europa por los próximos 50 años.
La globalización habría dado un cambio equilibrador. Pero no ha sido así.
El rey neoliberal está desnudo. Y tenemos que gritarlo fuerte. Sus recetas no son legítimas, ni pueden proclamarse ya más con el “There Is No Alternative”. La “TINA” se acabó. Cuanto antes la política lo entienda, mejor será. Los partidos que en estos años han intentado solo templar con retórica compasiva la agenda neoliberal no lo han entendido todavía. Pero por alrededor se mueven muchos espectros, que hablan de otra política y de otra economía.

Artículo en italiano: Aquí

22 luglio 2009

Il costo del “bailout” raggiunge la cifra impensabile di 24 trilioni di dollari (80mila per ogni americano)

di Paul Joseph Watson - Prison Planet.com
Secondo la sorveglianza che sovrintende al programma di salvataggio finanziario del governo federale, la piena esposizione a partire dal 2007 ammonta all’enorme cifra di 23,7 trilioni di dollari, ossia 80mila dollari per ogni cittadino americano.
L’ultima volta che siamo stati in grado di ottenere una misura del costo totale del salvataggio, era pari a circa 8,5 trilioni di dollari. Passati otto mesi da quella linea, la cifra è quasi triplicata.
La cifra di 23,7 trilioni di dollari ricomprende «circa 50 iniziative e programmi stabiliti dalle amministrazioni Bush e Obama, nonché dalla Federal Reserve», secondo l’Associated Press.
In un documento di asseverazione che sarà consegnato alla supervisione della Camera e al Comitato governativo di riforma domani [21 luglio 2009, Ndt], Neil Barofsky, l'ispettore generale per il programma TARP, dirà al Congresso che «il Dipartimento del Tesoro ha ripetutamente omesso di adottare raccomandazioni volte a rendere il programma TARP più responsabile e trasparente ».
Secondo Barofsky, i contribuenti sono al buio su chi ha ricevuto il denaro e su quel che ne fanno.
Come abbiamo più volte sottolineato, la destinazione di circa 2mila miliardi di fondi TARP è stata oggetto di un’azione legale presentata da Bloomberg alla fine dello scorso anno dopo che la Fed aveva rifiutato di rivelare i destinatari. La causa è ancora in corso, giacché Bloomberg tenta di scoprire i nomi delle istituzioni finanziarie private che hanno ricevuto il denaro.
Sarà il popolo americano in ultima analisi a doversi accollare tutto visto che il dollaro è svalutato poiché la Fed presta il denaro dal proprio bilancio o essenzialmente stampa solo più denaro, come ha spiegato un articolo della San Francisco Chronicle l'anno scorso.
I salari non terranno il passo dell'inflazione e, se si aggiunge all'equazione la serie di nuove tasse introdotte dall’amministrazione Obama, le conseguenze sono evidenti: un abbassamento del tenore di vita per milioni di appartenenti alla classe media americana.
Nel frattempo, Henry Paulson, uno dei principali architetti del “bailout” nonché l'uomo che ha perpetrato del terrorismo finanziario all’atto di minacciare il Congresso con scenari di legge marziale e rivolte alimentari, qualora non avessero approvato il primo pacchetto TARP, sfacciatamente s’intasca 200milioni in profitti Goldman Sachs esentasse mentre distribuisce miliardi in guadagni illeciti ai suoi compari banchieri, tutto questo dopo aver tirato un'esca e passare a cambiare l'intero centro del salvataggio dall’acquisto dei titoli di debito tossico fino a dare il denaro direttamente alle istituzioni finanziarie.
Abbiamo paura di pensare a quali saranno le cifre del salvataggio fra altri otto mesi. Triplicheranno ancora fino a 70 trilioni di dollari? Che ne dite di 100 trilioni di dollari?
L'unica cosa che può porre fine allo sfrenato saccheggio è il disegno di legge di Ron Paul volto all’auditing della Fed, che ha ricevuto un sostegno in Parlamento ma è stato bloccato da traditori occasionali prezzolati al Senato, che avrebbero invece dovuto vedere una continuazione del grande furto, anziché la responsabilità e la trasparenza.

Articolo originale: Paul Joseph Watson, Cost Of Bailout Hits A Whopping $24 Trillion Dollars. $80,000 for every American, «Prison Planet», Monday, July 20, 2009.
URL: http://www.prisonplanet.com/cost-of-bailout-hits-a-whopping-24-trillion-dollars.html.
Traduzione a cura di Pino Cabras per Megachip.

23 aprile 2009

Quando tutto è pronto a saltare

di Pino Cabras - da «Megachip»


Fonte dell'immagine: www.danieleluttazzi.it

Il presidente statunitense Barack Obama sembra cercare un punto mediano impossibile, mentre passa fra gli scuotimenti della Grande Crisi, scossoni che richiedono scelte senza precedenti, come vedremo. Ai conservatori le sue parole provocano ribrezzi da rivoluzione. A chi invece vuole una qualche Revolution, Obama appare come un assiduo conservatore. Le fanfare per l’annunciata chiusura di Guantanamo non offuscano il fatto che sia ancora aperta, le parole distensive verso Cuba non sono partite da un ammorbidimento dell’embargo, la condanna della tortura non si estende ai torturatori, i tuoni della Casa Bianca contro gli extraprofitti dei banchieri non si traducono in lampi su Wall Street, dove anzi arriva un fiume di liquidità. Sullo sfondo ci sono sfide estreme.

I toni sono cambiati tanto dai tempi di Bush, ma la forza d’inerzia dei grandi fatti sociali, economici, finanziari, politici e militari dell’ultimo decennio domina ancora la risultante delle forze. Le grandi navi non si fermano subito.
Poteri influenti aspirano a chiudere la parentesi della crisi, innanzitutto nell’informazione, in nome di un qualche ‘status quo ante’ che si vorrebbe dietro l’angolo. Obama prova a cogliere questa impazienza per dare ali alla speranza, e invoca anche lui i futuri «segnali di risalita». Essendo più prudente di altri, prova però a dire che ci saranno ancora molte sofferenze prima di toccare il fondo. Ma gli altri, quelli che vorrebbero che il viaggio riprendesse come prima, quelli della parentesi, loro non sono prudenti, neanche ora. Se i commerci a livello planetario sono in picchiata, per loro è comunque un buon segno che almeno non sia più a caduta libera. Se negli ultimi due mesi è evaporato un quarto dei commerci, magari nei prossimi due si volatilizzerà solo un ottavo ancora.
Nel mainstream perciò non trovano grande spazio certe analisi quantitative che appaiono nei media che invece fanno poche riverenze all’ortodossia del liberismo in rotta. Fra queste analisi circola in particolare quella di Leap/Europe 2020, un sito francese che in questi ultimi anni ha visto lontano. Dai dati a disposizione viene estrapolata una tendenza: la discesa degli USA porta a una depressione senza precedenti, vicina a un punto di insostenibilità che, se varcato - e potrebbe essere molto presto - segnerebbe una rottura storica drammatica, a partire dalla moneta [«Eté 2009: La rupture du système monétaire international se confirme», Europe 2020, 15 aprile 2009].



Gli USA hanno vissuto al di sopra dei propri mezzi grazie all’afflusso di denaro di prestatori esterni, la Cina su tutti. Ora gli USA vorrebbero che anche il salvataggio fosse al di sopra dei propri mezzi, finanziato ancora una volta dalla Cina. Al gigante asiatico infatti non converrebbe far crollare di botto il sistema se per caso volesse uscire dalla trappola del dollaro, visto che ha già incamerato 1400 miliardi di titoli di debito in dollari, sempre più scottanti.Se consideriamo la dimensione degli “stimulus” e “bailout” messi in campo negli ultimi mesi, l’unica via di uscita ancora “normale” per gli USA è che i risparmiatori cinesi e di qualche altro paese puntino ancora (e questa volta soltanto) sui bond statunitensi, rendendosi ancora più prigionieri del gioco pericoloso.

Solo che – fanno notare gli analisti di Europe 2020 - i prigionieri dedicano i loro pensieri migliori al modo di evadere, magari senza farsi riacciuffare e senza rompersi le gambe. E lo fanno con circospezione. Il 24 marzo 2009 il governatore della Banca centrale di Pechino lanciava un ‘ballon d’essai’. Ipotizzava che il dollaro lasciasse il posto nei commerci a una valuta di riserva internazionale. Sondava e avvertiva insieme, consapevole della forza immensa che i nuovi equilibri spostavano nel mondo (un G20 anziché un esangue G8).

Secondo Europe 2020 tutti i nuovi membri del club del potere mondiale sono pronti a concordare i loro passi con la Cina, quando si renderà necessario. Si è parlato molto degli accordi swap fra Cina e Argentina, ma sono rilevantissimi anche quelli fra Brasile e Argentina, fra Cina e Sud Corea, e così via. Sono una sorta di "baratti" bilaterali che tagliano fuori il dollaro. Ovviamente il club anglosassone prova a resistere ripetendo all’infinito le strade già battute (e qui vediamo le carenze strategiche del progetto obamiano). L’Europa si barcamena e non ha un progetto politico che possa suonare come una sfida a quel che resta della subalternità a Washington.

La Cina c’è, invece. I passi li fa alla chetichella, ma li fa. Il ritmo della fuga, sebbene graduale e attento a non smarrire un suo ruolo stabilizzante, ha numeri impressionanti.



Ogni mese la Cina si sta liberando di 50-100 miliardi di titoli in dollari. La depressione dei prezzi in questo caso favorisce lo shopping pechinese. Sotto lo sguardo benevolo di Hu Jintao i cinesi comprano minerali, metalli industriali, terreni agricoli e risorse energetiche a prezzi bassi. In certi casi ne fanno incetta, e i prezzi risalgono, ma non più di tanto. Se pure i cinesi si tengono lontani dalle azioni nel mercato USA, ne comprano in Europa e Asia. Cercano di tesaurizzare i dollari USA trasformandoli rapidamente in beni non statunitensi più durevoli. Una corsa alla Roba, perché il resto, il dollaro, sarà carta straccia.

Puoi coprire le scarpe da tip tap con tre paia di calze, ma se fai passi come questi farai comunque rumore. Entro settembre 2009 la Cina avrà tolto dalle sue mani 600 miliardi di patate bollenti col simbolo del dollaro. Ma non acquisterà nemmeno quel che gli USA - fra stimoli e salvataggi - saranno costretti a emettere in più dell’ordinario, ossia un ammontare tra i 500 e i 1000 miliardi di nuovi titoli di debito. E chi li compra, allora? Gli USA si troveranno a dover inventare qualcosa per risolvere lo sbilancio. Uno squilibrio che può raggiungere i 1600 miliardi di dollari.

È uno scenario che diventerà ancora più drammatico, una volta giunto al ‘redde rationem’. Il governatore della Federal Reserve, Ben Bernanke, sarà forzato ad acquistare i suoi stessi Buoni del Tesoro. Questo si chiama: stampare dollari. La cosa non è nuova. Quando Bernanke dichiara in pratica che la Fed è pronta a oliare la zecca, i T-bond crollano del 10% in un solo giorno. Il momento X della prossima estate, con un simile scenario, segnerebbe anche una perdita secca di centinaia e centinaia di miliardi per i cinesi. Ma per loro sarebbe il male minore. Perché a quel punto l’insolvenza USA sarebbe conclamata e la salvezza starebbe nell’essersi posizionati meglio nel frattempo.

Siamo davvero alla vigilia di una tale insolvenza? Secondo Europe 2020 i dati dicono proprio questo. La spesa pubblica è esplosa per tenere a galla Wall Street (+41%) e si associa a un crollo mai visto prima degli introiti tributari (-28%). Soltanto nel mese di marzo 2009 il deficit federale ha toccato quota 200 miliardi di dollari, poco meno della metà del deficit di tutto il 2008, che Bush aveva comunque portato troppo fuori misura. Le cose non vanno meglio a livello degli Stati, a partire dalla California di Schwarzenegger, giù “per li rami” fino ai livelli di governo locale. Non c’è verso per fermare la spirale, per ora. Le professioni di ottimismo nella ripresa sono solo parole. Il Fondo Monetario Internazionale ha rifatto i conti delle perdite che sono e saranno determinate dal collasso finanziario in corso: non più 2.200 miliardi di dollari, bensì 4.100 miliardi. Sono oltre 600 dollari di perdite pro capite a livello mondiale, inclusi i neonati della Nuova Guinea, i vecchietti degli ospizi, e gli evasori totali. Chi pagherà? Andrebbe richiesto a quelli che «i segnali di ripresina» e a quelli che «il peggio è ormai alle spalle».



Insomma, inevitabile che dopo la fase 1 arrivi la fase 2. La Cina sarà costretta a non misurare i passi come prima e a trovare una soluzione diversa. Secondo gli studiosi francesi sono plausibili diversi scenari.Uno di questi potrebbe essere lo yuan renminbi che diventa valuta di riserva internazionale al posto del dollaro, in compagnia dell’euro, dello yen e di altre monete. Oppure si può accelerare l’istituzione di una nuova valuta di riserva che risiederà su un paniere di monete che lascia da parte il club anglosassone.Inutilmente sarà lubrificata la zecca di Bernanke, il dollaro non dominerà più.

In alternativa a questi due scenari, che comunque presuppongono uno scheletro di globalizzazione ancora presente, ce n’è un altro: una dislocazione geopolitica globale, imperniata su blocchi economici continentali, che basano ciascuno i propri scambi su una diversa moneta di riserva “regionale”. Da noi l’euro, altrove nuove monete con funzioni simili. Il WTO diventerebbe una voce morta delle enciclopedie. Una soluzione a suo modo ben accomodata, ma proprio per questo più improbabile, perché le convulsioni attese non sono affatto ordinate.

Europe 2020 punta la sua attenzione sulla riunione di New York del G20, nel Settembre 2009, a ridosso dell’Assemblea generale dell’ONU. I dati sin qui esposti addensano intorno a quel periodo l’ora X delle rotture monetarie. Il summit assisterà alla gravità della crisi che starà martoriando gli Stati Uniti, un paese in cui già oggi un cittadino su due sostiene di essere ad appena due stipendi di distanza dalla bancarotta), all’interno di una tendenza già in atto che vede la crescita drammatica della violenza urbana e degli omicidi.

Sarebbe uno scenario di ‘default’ degli Stati Uniti. Un tracollo alla massima potenza. Che a sua volta innescherebbe tante reazioni. Quali? Difficile dirlo, e capire le interazioni.

Per Europe 2020 il default potrebbe avverarsi secondo quattro diversi modi, o con una combinazione di essi. Due scenari implicano vie d’uscita ordinate, gli altri due avvengono nel caos:

1) il Fondo Monetario Internazionale fa per la prima volta agli USA quello che ha fatto centinaia di volte agli altri stati: prende in carico il budget federale e prescrive severi tagli al bilancio (da tagliare ce n’è: l’immane spesa militare, ma anche i programmi sociali). È uno sbocco quasi insostenibile dal punto di vista politico, in presenza di un complesso militare-industriale che incorpora riserve di golpismo, e di una società che non saprebbe metabolizzare le rinunce, perché politici e pubblicità le hanno lisciato il pelo per decenni dicendo al mondo che “il tenore di vita americano non è negoziabile”;
2) il Dipartimento del Tesoro decide di emettere buoni del Tesoro in altre monete invece che in dollari. Ripeterebbe un atto di circa trent’anni fa, su scala più piccola, ossia un’emissione di yen e marchi decisa nel corso di una crisi minore del dollaro. Il difetto di questo esito è che i bond emessi sarebbero così tanti da mettere nei guai gli altri paesi coinvolti. Non si dimentichi ad esempio che in un solo anno il Fondo monetario Internazionale prevede che il debito pubblico italiano passerà dal 106% al 121% del PIL.
3) il dollaro dimezza di colpo il suo valore in rapporto alle altre valute. L’amministrazione Obama darebbe respiro finanziario al bilancio federale e ai bond posseduti dagli stranieri con dollari deprezzati. Una soluzione unilaterale che aumenterebbe però il disordine globale .
4) poiché vendere ai soliti investitori esteri i bond del Tesoro risulta sempre più difficoltoso, la Federal Reserve è costretta a incrementare il programma TARP (Troubled Asset Relief Program), così che si innesca la svalutazione del dollaro, che risulta a quel punto meno desiderato da chi investe su beni in dollari. È il canovaccio in parte già intrapreso. Come si combinerà questa dinamica con gli altri sbocchi?

Per capire quanto le evocazioni di una “ripresina” siano solo pensieri illusori, basti considerare che negli USA i principali istituti di credito beneficiati dai massicci aiuti pubblici, a febbraio 2009 hanno diminuito del 23% i finanziamenti concessi in rapporto a ottobre 2008, quando il Tesoro avviò il sostegno alle banche attraverso il TARP. Segno che anche l’economia reale precipita.
In questo quadro di crisi gli analisti francesi, nonostante l’afasia dell’Europa, vedono in essa un’area «meno esposta ai fattori destrutturanti», perché meno dipendente – con l’eccezione del Regno Unito - dal «dollaro-debito» e perché la sovranità degli Stati membri della UE è molto più forte dei singoli Stati che compongono gli USA (dove non a caso si affaccia nel dibattito politico lo spettro della secessione). La Germania considererà di vitale importanza avere intorno a sé un’area di integrazione che sia ancora il mercato di riferimento per la sua industria. Forzando il senso dell’analisi, il default degli USA ha più possibilità di verificarsi della disgregazione della UE.
Un default, o comunque una crisi che si avvita, non sarà un evento come tanti. Sono tempi eccezionali. Europe 2020 arriva a consigliare di preoccuparsi dei paesi in cui circolano troppe armi da fuoco, nonché a prepararsi a una interruzione dei pubblici servizi essenziali, quelli sostenuti da organizzazioni vaste, per affidarsi invece nei giorni o settimane dell’emergenza alle reti comunitarie e familiari a corto raggio. E consiglia di fare in un certo senso come la Cina: usare come riserva di valore non il denaro ma metalli preziosi e beni fisici di facile scambio, utilizzabili anche nell’ipotesi che le banche restino chiuse nei giorni del crollo.

Quando il rapporto è uscito non era ancora nota la proiezione del FMI sul debito pubblico italiano che sfonda gli argini (come quello di altri paesi, del resto). Ma le previsioni per i risparmi erano già in linea con questa realtà. Il che implicherà pensioni integrative a lungo impoverite e pressioni più forti sui risparmiatori (dove ancora ce ne sono, non certo in USA) per ripagare la bolla del debito pubblico, l’ultima bolla. E questo senza considerare ancora la possibile grande ripresa dell’inflazione, una volta che la banchisa della liquidità si scongelerà.

Obama ha insomma una bella gatta da pelare. Il 70% degli scambi di moneta avviene presso centri finanziari ricompresi nella sfera d’influenza del dollaro, a Londra, New York, Tokio: «Sono americane o inglesi 8 banche delle 10 più grandi per scambio di valute che sono scomparse dal panorama economico, come Lehman Brothers, o che sono a un passo dalla bancarotta o dalla nazionalizzazione, come Citigroup o Royal Bank of Scotland.» L’epicentro è lì.Nel dicembre 2008 il Pentagono ha ricevuto un rapporto di Nathan P. Freier dell’Istituto di studi strategici dello US Army War College, nel quale viene descritto il rischio di disgregazione del territorio USA e dei suoi confini per effetto della crisi.Obama non ha fatto rotolare alcuna testa nell’apparato della Difesa, nonostante abbia vinto le elezioni proclamando di voler cambiare profondamente la strategia militare del predecessore. Le forze armate potrebbero essere chiamate a garantire l’integrità territoriale USA e la continuità di governo, suggerisce Freier.

Questi scenari previsionali si fermano lì. Bastano già le previsioni infondate degli ottimisti a oltranza per dover speculare più oltre.

Possiamo dire tuttavia che questi sono scenari di guerra, e che chi gioca con il facile ottimismo è un’irresponsabile. In perfetta continuità con l’irresponsabilità beota degli anni che ci hanno portato al disastro. Dovremo essere pronti a non accettare nessuna scorciatoia: guerre all’Iran, ossessioni antiterroristiche alimentate a bella posta, poteri speciali, il catalogo è vasto. Obama si mostra ancora come il punto d’equilibrio in cui si intrecciano insieme fili di credibilità e di speranza. Ma una volta che quell’equilibrio si spezzerà saremo tutti in pericolo.

27 marzo 2009

I "Racconti del Terrore" nella Crisi

di Pino Cabras - da «Megachip»

Illustrazione di Victor Juhasz

I professionisti dell’ottimismo cercano di scorgere una ripresa, una luce in fondo al tunnel della Grande Crisi. Noi, che pure non siamo professionisti del pessimismo, ci limitiamo a osservare sgomenti l’inanità degli sforzi dell’amministrazione Obama, tesa a salvare il sistema senza avere soluzioni. Ancora dollari, migliaia di miliardi (ossia milioni di milioni) sono iniettati nel sistema finanziario in un’operazione disperata di costosissimo “mesmerismo”. Come il signor Valdemar descritto da Edgar Allan Poe, il sistema è morto ma la trance degli infiniti “salvataggi” in limine mortis ci fa giungere ancora le sue voci aspre e spezzate, mentre la decomposizione avanza. Il racconto di Poe si conclude così: «di fronte a tutti i presenti, non rimase che una massa quasi liquida di putridume ributtante, spaventoso.» Chiameremo così anche l’inflazione?

Nel giro di pochi mesi, gli Stati Uniti hanno incenerito il denaro di un po’ di generazioni a venire. Il problema della solvibilità dell’Impero più potente della Storia si presenterà ormai con un rendiconto ineludibile. A breve.

L’economista Paul Krugman, ancora fresco di Nobel, è sempre più sconfortato, di fronte alla coazione a ripetere del Tesoro USA. Uno dopo l’altro, i “bailout” senza fondo vanno a beneficio delle banche e delle assicurazioni. I cinesi cominciano a porre come un’urgenza assoluta la questione della valuta di riferimento mondiale. Il dollaro così com’è non ha più credibilità. Gli USA non puntano nemmeno ai prestiti, come hanno fatto nell’ultimo scellerato decennio. Pensano solo a oliare bene le stampatrici della zecca.

Per la Grande Depressione degli anni trenta la soluzione adottata dagli USA fu il “New Deal”, che fece riacquistare fiducia e speranza al grande malato, con un forte ancoraggio a Main Street anziché a Wall Street. Oggi si punta sulla finanza, nell’idea che ripristinando il credito privato tutta la macchina economica ripartirà. Si tratterebbe di bonificare dai veleni i bilanci delle banche, sgonfiare fino in fondo la bolla dei debiti di chi vive al di sopra dei propri mezzi nella classe media, e lasciare però le banche così come sono, perché presto o tardi riattiveranno il credito. Una cifra pari al PIL degli USA è già stata stanziata allo scopo, un quarto di essa è già stato speso, eppure il credito non riparte. La strategia non serve dunque a questo scopo.

Non c’è più nulla che possa essere in grado di puntellare ideologicamente le dottrine del mercato in piedi fino a pochi mesi fa. Appare solo il potere della Superclasse finanziaria globale in tutta la sua brutalità. L’economia, la vita di miliardi di persone, è di fatto sotto gli effetti di una coercizione istantanea e violenta, «extraeconomica». Di norma nel capitalismo sviluppato la classe dominante usa queste brutalità come «stato di eccezione», mentre fu invece uno dei mezzi principali adottati nel periodo della «accumulazione originaria», per dirla con Marx.

Oggi c’è invece una sorta di «decumulazione originaria», un crollo che non tutti affronteranno con gli stessi mezzi. La Superclasse sta già profittando della sua forza extraeconomica per decidere chi salvare e chi sommergere. Non si vuole salvare l’economia. Si vogliono strappare al tracollo – costi quel che costi – rapporti di forza e di potere. Come si tradurrà una parola come democrazia nel linguaggio delle locuste? Il verso che emettono, per ora, è sempre uno: “bonus”, a dispetto di tutto. Continuano così la loro vita da nababbi a spese anche dei nostri futuri nipoti, in nome della legalità contrattuale, difesa da squadre di avvocati e da terrificanti giornalisti economici, proprio mentre moltitudini di lavoratori rivedono i contratti e accettano decurtazioni per la dura congiuntura. Per essi, per i loro contratti da onorare, i milioni di milioni non ci sono.

La Superclasse ha stracciato qualsiasi contratto sociale e parla ancora di legalità, intanto che giustifica lo scandalo del permanere dei propri folli status e stili di vita. Il prossimo passo sarà abbattere anche questo ultimo ridicolo paravento. È vero sì che ci sono già un po’ di rivolte. In Europa dell’Est (l’effimera Nuova Europa decantata da Rumsfeld) son già caduti i governi di tre paesi. Ma non è che si parli troppo di queste ribellioni. Il mainstream informativo tronca e sopisce, e comunque le agitazioni non sono ancora all’altezza della crisi. Di questa crisi.

Così come pochi sanno che i primi 25 manager di hedge fund del mondo, nel 2008, alla facciaccia di tutti, hanno incamerato profitti per oltre 11 miliardi di dollari scommettendo sui disastri di questa o quella economia nazionale. Fra gli scommettitori troviamo il solito George Soros, con 1,1 miliardi di profitti in un anno. Equivalgono a 35mila dollari al secondo, anche il sabato e la domenica, anche quando dorme. Buonanotte.

Lo scandalo dei bonus, però, è solo la bistecchina sapientemente usata per ammansire i frodati e sviare la questione vera. I sovrani della grassazione finanziaria, aggrappati al loro «diritto» ai premi, e ululanti contro la “caccia alle streghe”, dovrebbero subire ben altro che la perdita dei bonus, perché gli impegni che avevano assunto non avevano copertura e quindi violavano eccome il diritto. Ma per ora in galera c’è solo il capro espiatorio, un caprone bello grosso per la verità, di nome Bernard Madoff.

Giusto scandalizzarci, insomma, ma non perdiamo di vista il fatto che il sistema non è stato riformato. Sebbene banche e assicurazioni importantissime siano ormai a tutti gli effetti nazionalizzate, sono tuttavia dominate dagli stessi soggetti privati che le avevano guidate fin qui e che continuano a ridistribuirsi cifre immani, lasciando che industrie e società intere vadano in malora. La AIG – la grande assicurazione che prima dei tanti salvataggi consecutivi non aveva copertura per le scommesse perdute dalle banche - ha trasferito denaro pubblico per oltre 150 miliardi a banche del calibro di Goldman Sachs, Société Générale, Deutsche Bank, Barclays, HSBC e cosi via. Si tratta di rimborsi integrali, 100 centesimi per un dollaro.

Rendiamoci conto dell’abominio: quel che viene pagato a spese della collettività non sono attivi di bilancio, bensì debiti di gioco. Naturalmente molti hanno perso tutto. Ma non certe banche. AIG è il signor Valdemar dei nostri giorni, non muore ma è morto, perché Goldman Sachs non può morire. Si va oltre il mesmerismo.

Vi aspettereste che aumenti la velocità di circolazione della moneta, che si dia respiro alle industrie e ai mutuatari strangolati. Illusi. Ecco invece Goldman Sachs lanciarsi nelle scommesse del momento, speculazioni letali contro alcune monete, riassicurazioni contro il rischio paese di certe economie nazionali. Ecco i banchieri puntare su aspettative di crolli che si autoadempiono, tutto come prima, per spolpare ancora quel che c’è da spolpare.

Obama ha minacciato fuoco e fiamme contro i bonus. Ma non ha reso illegali i terribili meccanismi della speculazione. Quelli rimangono tutti. Per i pescecani della finanza è un’amnistia di fatto, e la festa continua.

Il senatore indipendente Bernie Sanders, del Vermont, si è accorto dell’assurdità di avere parlamenti che si scannano per giorni nel discutere provvedimenti da qualche decina di milioni, rispettando le delicatezze dei bilanciamenti dei poteri, quando invece la Federal Reserve si inventa in un baleno stanziamenti da trilioni di dollari senza far sapere i destinatari. Il sistema bancario ombra beneficia di un vero e proprio governo ombra con un budget di gran lunga superiore a quello amministrato dai poteri costituzionali, ed è gestito con poteri dittatoriali e meccanismi segreti.

Il collasso globale e i piani di salvataggio hanno gli effetti di un golpe rivoluzionario senza precedenti. Sulle istituzioni si forma una banchisa polare che segue alla lentissima nevicata che pian piano, per decenni, ha tolto loro qualsiasi calore democratico: oggi – scrive Matt Taibbi su «Rolling Stone» - trova la sua consistenza finale «la conquista graduale del governo da parte di una ristretta classe di complici, che usavano il denaro per controllare le elezioni, comprare capacità d’influenza, e indebolire sistematicamente le regole e i limiti per la finanza». Il re è nudo, e se ne frega. L’usura sta compiendo la sua rivoluzione con ingordigia suicida.

Edgar Allan Poe non avrebbe potuto immaginare un “personaggio” altrettanto inquietante, così avido, incapace, sconsiderato e criminale quanto il capitalismo terminale. Un capitalismo così mortifero e ghiacciato da non poterlo ancora fissare in un concetto di “normalizzazione”, perché ci introduce comunque a un’epoca di pericolosa instabilità.

In che mani siamo, dunque? Taibbi è drastico: « Queste persone non sono altro che tizi che trasformano i soldi in soldi, al fine di fare più soldi ancora; tutto sommato sono assimilabili alle persone assuefatte al crack o ai maniaci sessuali che ti entrano in casa per rubare le mutande. Eppure è questa la gente nelle cui mani ora riposa l’intero nostro futuro politico.»

3 febbraio 2009

Obama: Rotazione di regime

di Nafeez Mosaddeq Ahmed
da «Megachip» [QUI]


L'avvento dell’amministrazione Obama non modificherà sostanzialmente il corso dell’espansione militare acceleratosi durante l’era Bush. Le origini di queste politiche non si basano unicamente sull’ideologia neoconservatrice. Mentre l'elezione del presidente Obama potrebbe offrire nuove opportunità alle forze progressiste per circoscrivere i danni, il loro spazio di manovra alla fine sarà ridotto da radicate pressioni strutturali che cercheranno di sfruttare Obama al fine di ristabilire l’egemonia imperiale americana, anziché trasformarla.

Infatti, la radicalizzazione dell’ideologia politica angloamericana rappresentata dall’ascesa dei principi neoconservatori e dai processi di militarizzazione della 'Guerra al Terrore', ha costituito una risposta strategica alle crisi sistemiche globali, sostenuta dalle classi imprenditoriali americane. Le stesse classi, riconoscendo la misura in cui Bush ha screditato questa risposta, si sono mobilitate in favore di Obama. Pertanto, all’intensificarsi della crisi globale, questa risposta in termini di militarizzazione è suscettibile di subire un'ulteriore radicalizzazione, invece che un significativo cambiamento di rotta. Le principali differenze saranno nel linguaggio e nel metodo, non nella sostanza.

Obama e la sicurezza nazionale: "È il petrolio, stupido!"
Questo è diventato sempre più chiaro via via che divenivano note le nomine dell’amministrazione di Barack Obama: persone le cui posizioni politiche e ideologiche sono in gran parte corrispettive con gli ideali neoconservatori, specialmente in materia di sicurezza, e le cui connessioni sociali e intellettuali le allacciano ai think-tank e ai responsabili politici neoconservatori.
Ci fa sollevare le sopracciglia altresì uno sguardo rivolto alla squadra di sicurezza nazionale di Obama, ma dovremmo concentrarci sulla sua selezione dell’ex generale dei marines Jim Jones come consigliere sella Sicurezza Nazionale. Jones era stato in precedenza nominato alla carica di Comandante supremo NATO delle forze alleate in Europa (SACEUR) e Comandante del Comando europeo degli Stati Uniti (COMUSEUCOM) sotto l'amministrazione Bush. La spinta della concezione imperiale della sicurezza nazionale degli Stati Uniti di Jones può essere ricavata da un articolo UPI che descrive il suo lavoro nel 2005:
«Il più alto comandante militare della NATO è alla ricerca di un nuovo importante ruolo di sicurezza per i privati e le imprese leader del settore come elemento costitutivo di una nuova strategia di sicurezza che si concentrerà sulle vulnerabilità economiche dell’alleanza dei 26 paesi. Due progetti immediati e prioritari da far sviluppare ai funzionari della NATO con il settore privato sono volti a proteggere le condotte che trasportano petrolio e gas russo verso l'Europa ... per tutelare i porti e la marina mercantile, il Comandante supremo dell'alleanza, il gen. James Jones, del Corpo USMarine ha detto mercoledì ... Un ulteriore settore di interesse della NATO per garantire le forniture energetiche potrebbe essere il Golfo di Guinea al largo della costa occidentale africana, Jones ha ricordato ... Le compagnie petrolifere stavano già spendendo più di un miliardo di dollari l'anno per la sicurezza nella regione, ha osservato, sottolineando la necessità per la NATO e le imprese di discutere sulla comune preoccupazione della sicurezza.»

In sintesi, la strategia di sicurezza nazionale di Jones privilegia il controllo militare statunitense sulle regioni che serbano considerevoli riserve sottoutilizzate di petrolio e di gas naturale, nel Golfo di Guinea in Africa, nel Mare Nero e nel Mar Caspio nonché nel Golfo Persico. Questo indirizzo consente inoltre agli Stati Uniti di consolidare la dipendenza europea dalla NATO per la propria sicurezza energetica, compattando così il sostegno UE verso la più ampia geostrategia USA volta al controllo delle risorse energetiche globali e delle vie di trasporto.

Obama e l'economia: Déjà vu?
Per quanto riguarda le ambizioni di Obama nell’affrontare la crisi finanziaria, anche un feroce editoriale del «New York Times» ha osservato che il team economico del presidente Obama, messo insieme per affrontare la crisi economica e finanziaria, è composto dalle stesse persone che hanno «giocato ruoli centrali nelle politiche che hanno contribuito a provocare l'odierna crisi finanziaria.» Tra queste Tim Geithner, che in qualità di presidente della Federal Reserve Bank di New York «ha contribuito a determinare le irregolari e spesso imperscrutabili risposte dell'amministrazione Bush al tracollo finanziario in corso, compreso lo scorso fine settimana il salvataggio multimiliardario di Citigroup», e l'ex capo della Banca mondiale, Larry Summers, che «si batté per la legge che deregolamentò i derivati, gli strumenti finanziari – altrimenti detti attivi tossici - che hanno diffuso in tutto il mondo le perdite finanziarie derivanti da prestiti sconsiderati»

Obama e la business class transnazionale americana
Occorre guardare al di là della retorica per avere un'idea di ciò che realmente significa Obama per il mondo. Un’analisi dei dati della Commissione elettorale federale sui maggiori donatori finanziari delle campagne presidenziali sia di McCain sia di Obama rivela che sono state quasi interamente sponsorizzate dalle stesse banche, istituti finanziari e società (tranne Obama che ha ricevuto dalle imprese finanziamenti più significativi rispetto al suo rivale McCain). Ciò suggerisce che le politiche degli Stati Uniti rappresentano, e continueranno largamente a rappresentare le insicurezze e gli interessi del capitale anglo-americano; e inoltre che le classi imprenditoriali americane hanno effettivamente favorito Obama e gli hanno fornito le finanze e le competenze necessarie per produrre una potentissima campagna mediatica e pubblicitaria.

Obama spegne la 'Guerra al Terrore'… No ...
Che cosa dobbiamo pensare dei provvedimenti di apertura di Obama, non appena ha inaugurato la presidenza, volti a chiudere Guantanamo, delegittimare la tortura e sfidare le pratiche della CIA di catture extralegali (extraordinary rendition)? In primo luogo, dobbiamo naturalmente dare il benvenuto a qualsiasi pubblica condanna di queste pratiche, in particolare da parte del nuovo presidente americano. Ma questo non deve impedirci di esaminare criticamente ciò che gli ordini esecutivi di Obama significhino per davvero.
Mentre in tutto il mondo le misure di Obama sono state interpretate come una totale inversione delle politiche di tortura, catture extralegali e prigioni segrete dell'amministrazione Bush – a partire dalla dichiarazione della completa chiusura di Guantanamo – un’ispezione più approfondita sui dettagli dei suoi “Executive Orders” suggerisce, purtroppo, che le grida di gioia sono un pochino premature.
In primo luogo, si dovrebbe capire che, indipendentemente da ciò che i governi eletti degli Stati Uniti hanno detto o lasciato non detto in merito alla pratica della tortura da parte dei servizi di intelligence militare, la tortura è - ed è sempre stata - endemica e ufficialmente sancita ai più alti livelli. I manuali di addestramento della CIA declassificati degli anni ‘60, ‘70, ‘80 e ‘90, dimostrano che la CIA ha sempre a lungo praticato la tortura, prima che l'amministrazione Bush tentasse di legittimare la pratica pubblicamente. Questo significa che quanto ha reso diversa l’era Bush non è tanto la pratica sistematica della tortura da parte delle agenzie di intelligence militare degli Stati Uniti, bensì l’approvazione aperta e ampiamente divulgata da parte del governo statunitense nei confronti di tali prassi, e l'insistenza sulla loro ovvia legittimità o altrimenti dell’irrilevanza del diritto nel contesto della lotta al terrorismo.


Ciò significa che le pubbliche sconfessioni della tortura da parte di Obama in realtà non rappresentano la fine della pratica sistematica delle tradizionali tecniche di interrogatorio della CIA, condotte senza il controllo del pubblico per decenni.
Semmai esse occultano un imbarazzato ritorno alla segretezza o, in altre parole, un ritorno all’ovvio riconoscimento che le aperte dichiarazioni di pratiche occulte USA così come la tortura quale politica ufficiale sono dannose, non favorevoli, in direzione dell'egemonia USA.
Un vaglio più ravvicinato dei primi ordini esecutivi del presidente Obama rivela che essi sono stati escogitati non tanto per trasformare le pratiche illegali di intelligence militare degli Stati Uniti, quanto per consentire loro di continuare in segreto, senza impedimenti legali, attraverso la ridefinizione del loro carattere (pur mantenendo la sostanza):

  1. Mentre Obama ha chiesto l'armonizzazione degli interrogatori, in linea con il manuale delle procedure della US Army presumibilmente conforme alla Convenzione di Ginevra, nel 2006 delle revisioni non discusse del manuale - «in particolare, un’appendice di una decina di pagine nota come appendice M» - «va al di là di delle restrizioni riferite a Ginevra del manuale originale delle procedure.» Infatti, il Manuale ha accettato 19 forme di interrogatorio e la pratica delle catture extralegali. Inoltre, l'ammiraglio in pensione Dennis Blair, il direttore dell’intelligence nazionale di Obama, ha detto all’ audizione di conferma al Senato che il manuale delle procedure dell’esercito potrebbe essere cambiato esso stesso, permettendo potenzialmente nuove forme di interrogatorio dure, ma che tali modifiche rimarrebbero classificate.
  2. Il presunto divieto di Obama dei programmi di catture segrete della CIA in realtà non ha inibito la CIA dall’arrestare e detenere in via extra-giudiziale civili innocenti, senza prove o un giusto processo, ma ha solo sottolineato che, secondo le parole di un funzionario della Casa Bianca, «non vi sarà consegna a nessun paese che pratichi la tortura.» Il problema qui è che certe persone in stato di detenzione sono già state spedite verso paesi di tutta l'UE che ufficialmente non approvano la tortura, dove nondimeno sono state torturate.
  3. Centri di detenzione segreti della CIA sono stati ospitati, per esempio, in Polonia, e in precedenza erano giustificati dal Dipartimento di Stato dell’amministrazione Bush esattamente in base allo stesso concetto che la Polonia non faceva assegnamento sulla tortura. Persino il consulente per il controterrorismo di Obama, John Brennan, aveva insistito sul fatto che la ‘rendition’ è «assolutamente indispensabile». Infine, mentre si presume che si proibisca l'uso da parte della CIA di prigioni segrete, i divieti «non si riferiscono alle strutture utilizzate solo per tenere la gente a breve termine, in termini di provvisorietà.» Eppure, se non si specifica un vero e proprio limite temporale che definisca in modo chiaro il significato di "breve termine" e "provvisorietà", le intimazioni di Obama hanno ancora consentito in concreto la detenzione indefinita, fintanto che la CIA non riclassifichi ufficialmente il periodo di detenzione, secondo il modo in cui sia concepito l’essere a breve termine e provvisorio.
Il risultato finale di tutto ciò è stata una riconfigurazione di successo della presentazione pubblica delle pratiche di intelligence militare degli Stati Uniti, accompagnata da cavilli giuridici nominali, che permettono ad esse di continuare relativamente senza impedimenti: in sostanza, è stato un colossale esercizio di pubbliche relazioni.
Nel frattempo, quel grande apparato di sicurezza nazionale post-11/9 - che nega l’habeas corpus, mina il giusto processo, e agevola la sorveglianza di massa nonché i poteri di controllo sociale invadente introdotti dall’amministrazione Bush - non è stato ripudiato, ma preservato.

Non un minuto da perdere
All'estero, l'amministrazione Obama ha iniziato i suoi primi giorni in carica impegnandosi per più truppe in Afghanistan, per un’intensificazione della pressione militare sul Pakistan, per il rafforzamento di operazioni di guerra contro l'Iran, e l'approfondirsi della penetrazione politica e militare in Asia centrale e Africa occidentale. Le motivazioni complessive di queste politiche consistono nella dominazione statunitense delle riserve energetiche e delle rotte di trasporto, dimostrate dalla nomina di un fanatico del petrolio come l’ex generale dei Marine della NATO James Jones quale zar della sicurezza nazionale di Obama. Anziché invertire il paradigma volto a intensificare il potere statale, queste politiche aggraveranno assai il potenziale di competizione geopolitica e di violenti conflitti.

Rotazione di regime: ristabilimento dell’egemonia, stabilizzazione sistemica
Dopo il record stabilito dall'amministrazione Bush nel saltare essenzialmente a pie’ pari qualsiasi parvenza di pubbliche relazioni appena dignitose, cosa che ha portato all’autentica percezione della leadership mondiale USA come di qualcosa di duramente avversato o incredibilmente ridicolizzato in tutto il mondo, l'avvento di Obama è impostato per ristabilire l'egemonia americana e ripristinare un certo senso di credibilità e anche di rispettabilità per il potere militare e finanziario statunitense. Dopo il potente discorso inaugurale di Obama, tale da spingere perfino un non americano come me fin (quasi) a piangere (ok sto esagerando, ma ne cogliete il senso ...), gli americani e anche il mondo intero, per la prima volta in un decennio hanno potuto sentirsi orgogliosi e soddisfatti del fatto che per ogni cosa c’è chi se ne prenderà cura.
Ma questo senso di euforia è sintomatico del fatto che l'amministrazione Obama intende perseguire (e ha già perseguito) una politica di ristabilimento dell’egemonia e di stabilizzazione sistemica. Questo non comporta un significativo cambiamento di rotta, quanto piuttosto una perpetuazione delle strutture esistenti nell’economia politica globale. In altre parole, non si va a cambiare il sistema, ma a proteggerlo, con la violenza, se necessario - ma stavolta con una maggiore attenzione per le pubbliche relazioni.
Quindi ci saranno anche acute differenze apparenti con i predecessori di Obama, per esempio una maggiore attenzione a un approccio multilaterale; l’affermazione del rispetto del diritto e delle istituzioni internazionali; l’affidamento su modi più occulti di estendere l’influenza in luogo di palesi confrontation militari con tutti coloro che non sono "con noi" e quindi di fatto "contro di noi", ecc., in modo da permettere agli Stati Uniti di riapparire su un alto terreno morale finora completamente eroso dalle aperte politiche di unilateralismo dell’amministrazione Bush, dall'approvazione della tortura, e dalle spudorate violazioni del diritto internazionale. In effetti, questo comporterà la rimozione, la riclassificazione o semplicemente l’occultamento di pratiche che sono servite a minare l'autorità degli Stati Uniti agli occhi dei suoi alleati e del mondo.
Il risultato è già stato sconcertante: mentre neutralizzava e confondeva sistematicamente i movimenti progressisti sociali e contro la guerra dentro e fuori l'Occidente, l'arrivo di Obama ha consentito al governo USA di trascinare dietro di sé un sostegno popolare senza precedenti, per qualsiasi cosa intenda fare.
Vedremo, a questo proposito, un notevole cambiamento nel linguaggio e nella retorica della politica estera, un ritorno a strategie più diplomatiche, nonché a politiche militari incastonate nel discorso dell’intervento umanitario e degli aiuti. Purtroppo, per un po' di tempo, questo passaggio sembrerà più convincente al suo provenire da Obama, in quanto contrapposto a Bush. Più che mai, quindi, i movimenti progressivi avranno bisogno di fare un salto di qualità nel capire e criticare con precisione le politiche della nuova amministrazione, se intendono impedire che i processi di militarizzazione imperiale si intensifichino.

Traduzione di Pino Cabras per «Megachip»

24 dicembre 2008

Le premonizioni della Grande Crisi

di Pino Cabras – da «Megachip»



Si sprecano le parole di sorpresa per la Grande Crisi in corso. Se ne parla il più delle volte come di un evento improvviso e imprevedibile.
In realtà c’era già chi riusciva a intravedere il tracollo, anche senza andare a spulciare le vecchie carte americane dei soliti ottimi Nouriel Roubini e Joseph Stiglitz. Prendiamo ad esempio il compianto Paolo Sylos Labini.

In un appassionato intervento a un convegno della Cgil nell’ormai lontano 2002 il grande economista italiano fece una lucida analisi sull'imminente indebolimento del dollaro e l’insostenibilità del debito pubblico e privato negli Stati Uniti. Una disamina ricca di dati precisi, cui corrispondevano analisi poi rivelatesi esatte. Un anno dopo, al momento di ripubblicare quell’opera, Sylos Labini scriveva: «esprimevo gravi preoccupazioni sulle prospettive dell’economia americana, che condiziona fortemente le economie degli altri paesi e, in particolare, quelle europee. La mia diagnosi fu giudicata da molti pessimista, ma i fatti, finora, mi hanno dato ragione. Oggi la mia diagnosi è ancora più pessimista, ma, giusta o sbagliata che sia, essa si fonda non su intuizioni o sul fiuto, bensì su un’analisi approfondita.» La chiave giusta di quello studio era proprio la profondità. Conviene leggerlo per intero, è una lettura veramente istruttiva: [QUI]

Contrariamente a quegli economisti-sacerdoti che in questi ultimi anni hanno officiato i riti e i dogmi neoliberisti, Sylos Labini usava la memoria plurisecolare delle scienze economiche, interessandosi ai cicli economici prosperi e a quelli recessivi o perfino depressivi del capitalismo: «Da almeno due anni avevo notato alcune rassomiglianze fra la situazione che si era determinata in America negli anni Venti del secolo scorso, un periodo che sboccò nella più grave depressione nella storia del capitalismo, e la situazione che si andava delineando oggi in America», ricordava Sylos Labini. « Il motore dello sviluppo ciclico è costituito dalle innovazioni: più sono importanti, più sono diffuse le occasioni di investimento che offrono e più dura la fase di prosperità. Al tempo stesso, però, sono più vigorose le ondate speculative, più frequenti sono gli errori dei manager e più crescono i debiti, le cui dimensioni, cessata la prosperità, condizionano la durata della crisi.»
Certo, Sylos Labini non era tanto di moda, nelle pagine economiche della nostra grande stampa, compresa quella economica.
Si preferiva dar retta ai signori del ‘rating’, quelli che ancora pochi giorni prima che Lehman Brothers sprofondasse nel gorgo dei debiti, quest’anno, le attribuivano uno sconsiderato AAA. Per loro era una bestemmia pensare che i manager potessero commettere errori, per giunta «più frequenti».

L’analogia con gli anni venti non finiva qui. L’altra grande affinità (dalle conseguenze enormi, ricordava Sylos Labini) era la disuguaglianza distributiva: «si indebolisce la domanda di beni di consumo e vengono alimentate le operazioni speculative e i debiti contratti per finanziarle.» Ecco le bolle speculative, che nel capitalismo di oggi diventano più grosse del PIL mondiale e si contagiano istantaneamente.
Sylos Labini non riteneva che quei debiti fossero una scatola nera misteriosa, da tralasciare. Rivendicava anzi la necessità di una «teoria dell’instabilità finanziaria fondata sull’indebitamento». Nel mondo bastava una mano a contare, oltre a lui, gli economisti che se ne occupavano. Ma era in ottima compagnia: fra questi c’era Paul Krugman, un signore che poi nel 2008 ha vinto il Nobel per l’Economia.

Al centro della riflessione era la nuova fabbrica dei debiti, gli Stati Uniti. L’insostenibilità dei tanti modi d’indebitarsi compresenti nel sistema statunitense, per i comuni cittadini come per il sistema-Paese, era evidente a uno sguardo attento. Il Nobel dell’economia Joseph Stiglitz lo faceva in qualche modo notare, ma rimaneva anche lui inascoltato. Stiglitz ricordava che nel gli USA prendevano a prestito dal resto del mondo oltre due miliardi di dollari al giorno: «è improbabile che si possa andare avanti così; […] rimane vero che qualsiasi cosa sia insostenibile non è sostenibile per sempre».

Il mainstream preferiva amplificare le enunciazioni autogratificanti dell’amministrazione Bush che vantavano una crescita economica sostenuta del prodotto interno lordo USA. Invece la qualità dell’occupazione era in decadimento, la produzione interna crollava e l’economia nel suo complesso si riorientava verso la guerra. Il debito con l’estero già da anni era a un livello critico, senza precedenti per un paese industrializzato. I giornali ignoravano perfino allarmi del Fondo Monetario Internazionale (FMI), che vedevano in questa situazione – ad oggi precipitata – un serio pericolo per l’economia mondiale.
Non ammaestrati dalla crisi delle borse dopo la bolla della New Economy, i media riportavano acriticamente i comunicati trionfali diffusi a fine 2003 dal Dipartimento del Commercio USA, proprio nel momento in cui i tassi d’interesse erano minimi e partiva la bolla immobiliare, così come decollavano alla grande i fondi d’investimento che si portavano in pancia una finanza opaca e incomprensibile che rendeva illeggibili i rischi e i debiti, la finanza dei derivati e delle «posizioni su veicoli di investimento strutturati». Con un rialzo dell’8,2% del PIL per il terzo trimestre, si magnificava il fatto che il paese non avesse mai conosciuto una crescita così forte da 19 anni. La stampa salutava «il ritorno della crescita negli Stati Uniti».
Sylos Labini smontava già allora pezzo per pezzo questa euforia irresponsabile.
Alle osservazioni dell’economista possiamo aggiungere il nostro senno di poi. Intanto aumentava la disoccupazione. Ma soprattutto l’entusiasmo rimuoveva due questioni di eccezionale importanza. E cioè il fatto che le performance di crescita del PIL erano legate a una spirale d’indebitamento e a una riallocazione della enorme spesa pubblica in direzione del settore militare. L’incapacità operativa di fronte all’uragano Katrina – che nel 2005 spazzò via New Orleans – è uno dei più terribili sintomi di questa riallocazione delle priorità. Obama punterà molte carte sulla manutenzione. Aumenterà la domanda aggregata di beni e darà segni tangibili di cura del bene comune.

La base della crescita degli Stati Uniti prima del Grande Crollo borsistico del 2008 si è fondata finanziariamente sull’indebitamento. Mentre negli anni della presidenza di Bill Clinton si arrivò addirittura a un forte surplus, nel 2002, per la prima volta dal 1997 gli USA scontarono di nuovo un deficit di bilancio. Era all’1,5% nel 2002, al 3,5% nel 2003, al 4,2% nel 2004. L’aumento delle spese militari non si bilanciava nemmeno con i pesanti tagli sociali, come l’abbattimento del sistema di assistenza sanitaria Medicare. Negli ultimi mesi del 2008 questi parametri impazziscono. È come se si buttassero banconote dagli elicotteri. Il deficit schizza verso l’alto, la massa monetaria esplode, e per il momento viene accalappiata dalla più tipica “trappola della liquidità” keynesiana. Ma è una bomba a tempo.

Possiamo solo immaginare quale sarebbe stato lo sguardo di Sylos Labini di fronte al pauroso grafico che segue, che mostra l’aumento della base monetaria negli Stati Uniti a partire dalla prima guerra mondiale. Alti e bassi, com’è ovvio. Eppure mai - neanche durante la costosissima seconda guerra mondiale - la Federal Reserve aveva osato espandere la crescita della base monetaria a tassi del 300% su base annua, come è avvenuto nel 2008. Praticamente un asintoto.



Tutta questa immane massa di moneta resta oggi disperatamente congelata nei buoni del tesoro statunitensi. Poiché oggi questi buoni perdono meno rispetto ad investimenti alternativi, le banche li comprano, anche per mostrarsi meno avventuriste rispetto al passato. Il fatto è che se i buoni del tesoro a breve non rendono o addirittura fanno perdere qualcosa, tanto vale ricorrere al vecchio materasso: non guadagni interessi da una banconota, ma di sicuro non ne perdi. Nessuno presta denaro, e questo per ora si traduce in deflazione. Ma per quanto? L’acquisto dei titoli del debito pubblico statunitense è l’ennesima bolla, forse la più devastante delle “bolle atomiche”.

Nel corso del 2009 gli Stati Uniti per poter sperare di reggere in qualche modo dovranno emettere nuovi titoli per un valore di 2 trilioni (due milioni di milioni) di dollari. I compratori sono ormai pochi e stanno fuori dagli Stati Uniti. Pretenderanno che ci sia un certo rendimento. Ecco perché non è da escludere che si avvii la macchina trituratrice dell’inflazione, in grado di far collassare il sistema basato sul dollaro. Quando la bolla scoppierà potrà interagire con le altre terribili bolle compresenti e da tutti temute. Salteranno in aria gli hedge funds. Non potranno reggere molti soggetti finanziari che emettono carte di credito, per le troppe insolvenze dei debitori (un buco previsto con valori che oscillano intorno ai cento miliardi di dollari).
Non dimentichiamo che il valore nozionale dei derivati finanziari - ossia futures, options, swaps, tutta la materia cosiddetta “Over the Counter” (OTC) in gestione fuori dai bilanci supera varie volte il PIL di tutto il mondo.

Non parliamo dell’esplosione del debito estero. In questo quadro, un’anomalia pur gigantesca rischia di apparire poca cosa.

Le tendenze convergono dunque per l’indebitamento privato e per quello pubblico. Nel 2004, secondo l’Ufficio di Bilancio del Congresso, il debito avrebbe dovuto spingersi fino a 14mila miliardi entro il 2014. L’ex Ministro del Tesoro Paul O’Neill – oggi una figura molto critica nei confronti dell’amministrazione Bush, perfino sul punto dell’11 settembre – aveva fatto proiezioni ancora più pessimistiche. Tutte queste previsioni hanno avuto una brusca accelerazione.

È prevedibile che ancora per un po’, la “bolla estrema” riesca daccapo ad assorbire buona parte dell’extra-risparmio dei paesi con attivo delle partite correnti.
Fino al 2000 i risparmiatori del resto del mondo finanziavano la crescita degli investimenti americani. Dopo l’11 settembre la crescita dei consumi. Ora sono chiamati a finanziare la crescita dei debiti che tentano disperatamente di salvare il sistema in panico, mentre si prosciuga la possibilità di finanziare investimenti produttivi.
Se non si troveranno più acquirenti per questi titoli si stamperà moneta. Il famoso elicottero di Ben Bernanke che volteggerà a lanciare banconote su Main Street.

Un altro economista che non si era fatto ammaliare dal mainstream, lo statunitense Robert Freeman, nel 2004 – mentre osservava l’aumento eccessivo del debito che sormontava di gran lunga la solvibilità del paese – si chiedeva quali possibili strategie d’uscita avrebbe potuto usare l’amministrazione statunitense.
Sopra tutte le strategie, ciascuna con le sue specifiche controindicazioni (aumentare le imposte, stampare dollari, privatizzare gli asset nazionali e svenderli all’estero in un perfetto contrappasso del Washington Consensus, rifiutarsi di onorare i debiti secondo una sorta di ‘soluzione bolscevica’) Freeman vedeva una strategia più estrema: il saccheggio: «Quando il rimborso del debito di una nazione diviene così imponente che diventa impossibile rassicurare i creditori, questo paese deve cercare una qualche sorgente di ricchezza, non importa quale sia la fonte.»
Non dimentichiamo che la vera uscita dalla Grande Depressione avvenne con una guerra mondiale.

Nella brochure della UK Defence Conference, tenutasi a Londra il 10 settembre 2007, sul tema “Defence in 2020 and beyond” (La Difesa nel 2020 e oltre, ndt), il testo riassumeva le sfide affrontate – anche con errori – in materia di politica di Difesa, e proiettandosi sul 2020 lasciava cadere, come se niente fosse, la seguente frase: «Il Joint Doctrine and Concepts Centre delle forze armate britanniche prevede un collasso generale dell’ordine globale nel prossimo decennio, e altri pensatori strategici sono parimenti pessimistici.»
Il Joint Doctrine and Concepts Centre è l’organo più importante di pianificazione e valutazione preventiva delle forze armate del Regno Unito. Con una certa noncuranza ci ha informati sul fatto che i grandi strateghi intendono prepararsi al peggio.

Di sicuro c’è un senso paralizzante di attesa anche nei piani alti della finanza. In un’intervista a «El Pais» del 21 dicembre 2008, il governatore della Banca di Spagna, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, lamenta che «la sfiducia è totale» e teme un collasso generale, nel momento in cui la velocità di circolazione della moneta è spaventosamente bassa.

Molti elementi portano a fare previsioni, ma non sono in gioco soltanto variabili strettamente finanziarie. Da sempre in molti raccomandano “Never Bet Against FED”, mai scommettere contro la banca centrale federale degli USA.

Allora torniamo all’opera di Paolo Sylos Labini. Era una critica competente dei difetti del sistema, ma conteneva molti apprezzabili elementi di prudenza che non spingevano la sua analisi sino a studiare la scena ancora ipotetica di un crollo sistemico. Esprimeva semmai un ragionamento sull’intervento pubblico, che avrebbe prodotto grandi risultati se fosse stato applicato per tempo. Abbiamo invece visto che l’improvvisa corsa allo statalismo da parte delle ex vestali del liberismo è stata disordinata e sbigottita.

Sylos Labini citava la prospettiva, deprimente, fatta da John Maynard Keynes nella sua Teoria generale, quando osservava che «una caratteristica preminente del sistema economico nel quale viviamo è che […] esso sembra capace di rimanere in una condizione cronica di attività inferiore al normale per un periodo considerevole, senza una tendenza decisa verso la ripresa o verso la rovina totale».

Quale soluzione pubblica, dunque? Per Sylos Labini «Il problema centrale, che a mio parere rende incerta e probabilmente lontana la ripresa, è quello dei debiti a lungo termine, ossia degli immobilizzi. Non credo che convenga riesumare la formula IRI, come pare voglia fare il Giappone. Forse bisognerà pensare a un’altra soluzione, in cui tuttavia l’intervento pubblico svolga pur sempre un ruolo di rilievo per rendere sostenibili i debiti a lungo termine, promuovendo attivamente, nello stesso tempo, misure per la ripresa. Si potrebbero ottenere effetti importanti attraverso un accordo fra i principali paesi industrializzati volto a stimolare l’espansione reciproca dei mercati: penso a una serie coordinata di trattati commerciali, che fra loro s’intarsino e promuovano una politica opposta a quella del protezionismo emulativo (beggar-my-neighbour policy), adottata dai paesi industrializzati negli anni Trenta e ripescata da Bush con le sue misure protezionistiche. Per uscire dalla crisi penso anche a misure di tipo keynesiano, con un forte aumento delle spese pubbliche in deficit e tagli fiscali.»

Ora, noi possiamo immaginare come una politica di questo tipo, sebbene sospinta dalla necessità, potrebbe essere resa inefficace dalle strutture corrotte del potere di un paese come l’Italia, in deficit di morale e perciò segnato in troppe sue fibre da amoralità, immoralità e demoralizzazione.
Sylos Labini ricordava che comunque era necessaria una grande e mobilitante riforma intellettuale e morale, perché «tale strategia comporterebbe l’impegno di tante e tante persone per attività, retribuite e volontarie, e potrebbe offrire ideali degni di essere perseguiti dalle nuove generazioni, in luogo dell’ossessiva caccia ai soldi che oggi domina e immiserisce la vita sociale dei paesi sviluppati: i giovani hanno un bisogno addirittura biologico di ideali.»

Il 2009 inaugurerà una crisi durissima che colpirà pesantemente il lavoro. Non ci sono ricette per uscirne magicamente. Siamo entrati in un territorio senza mappe, dove non funzionano i GPS. È il momento in cui riacquistano dignità pensieri e idee trascurate, nonché studiosi di straordinario spessore, che ridanno un’anima alla “scienza triste”, l’economia. Sylos Labini è fra questi. E ci sarebbe anche un autore da lui citato, Irving Fisher, un economista eclettico che aveva studiato a fondo il problema del debito e della velocità di circolazione della moneta (proprio quel che oggi si è quasi fermato). Fisher era arrivato a scrivere un librettino di straordinario interesse («Stamp Scrip») che conteneva la proposta di instaurare la moneta deperibile, un sistema con le banconote bollate. Fisher propose a Franklin D. Roosevelt si sperimentare il sistema in dimensione nazionale. Ogni banconota andava bollata ogni settimana, recando un bollo pari al 2% del valore facciale. Era impossibile speculare con una simile moneta, intaccata dal punto di vista della funzione di riserva di valore, ma sicuramente si risvegliava la velocità di circolazione. Alcuni esperimenti realizzati in Austria avevano funzionato così bene da essere spenti bruscamente dalle autorità monetarie.
Il Congresso bocciò un disegno di legge che proponeva l’adozione del sistema.
Si badi che Fisher non era un “eretico”, ma un economista capace di inserirsi bene nel sistema. Soprattutto aveva una conoscenza profonda dell’economia, capace di scardinare le pretese dogmatiche di “teologi” di scarsa scienza. Altre sue proposte andavano in direzione di una finanza più ancorata alla dotazione materiale dell’economia, senza i sostituti monetari che l’ingegneria finanziaria è in grado di creare in totale contiguità con poteri forti e intrinsecamente criminali.

Mentre aspettiamo Godot, cioè la nuova Bretton Woods, le banche centrali lanciano la loro liquidità dagli elicotteri, non tanto al cittadino comune, quanto ai soliti speculatori. Basterebbe una legge di un solo articolo per porre fine allo scempio. Ma il Grande Casinò vive alla giornata, e rinvia ancora, di poco, il conto più salato, che intanto iniziano a pagare milioni di persone.

Aggiornamento del 28 dicembre 2008:
Il presente articolo è stato ripreso anche su
«ComeDonChiscotte» e su «AriannaEditrice».

20 novembre 2008

L’economia “iraqizzata”

di Pino Cabras - da «Megachip»

Quando una nazione impegna se stessa in una missione con risorse immense, questa missione determinerà una parte significativa della sua identità nel tempo a venire. Il modo di agire delle istituzioni ne è influenzato. La massiccia semina statunitense in Iraq non fa eccezione. È stata una semina di vento che raccoglie ora la grande tempesta.

A lungo, temo.

Parti dell’economia sviluppano nuovi usi.

Non si tratta solo banalmente dei cannoni che non lasciano dollari al burro. È che cambiano gli interessi organizzati, gli strumenti d’intervento, i metodi. L’economia USA è stata “iraqizzata”.

Come negli interventi a Baghdad, anche su Wall Street il Congresso è all’oscuro di quanti soldi si spendano realmente, e in quali direzioni. Il senatore repubblicano Jim Inhofe si lamenta delle elargizioni di denaro - di fatto occulte – da parte del Segretario del Tesoro, Henry Paulson: «Potrebbe aver dato ai suoi amici. O a chiunque altro. Che ne sappiamo? Non c’è modo di saperlo».
Sulla stessa lunghezza d’onda è Bloomberg News, quando denuncia che la Federal Reserve non ha adempiuto ai requisiti di trasparenza richiesti dal Congresso. Bloomberg rivela nel frattempo la destinazione di montagne di denaro che si inerpicano sopra quota duemila miliardi di dollari. Su una scala più grande, è lo stesso meccanismo visto all’opera per “ricostruire” l’Iraq con miliardi di dollari difficilmente rintracciabili. Naomi Klein fa notare un fatto clamoroso: la stessa persona inizialmente scelta nella funzione di chief investment officer per il programma di megasalvataggio delle banche, Reuben Jeffery III,

«era in carica quale direttore esecutivo della famigerata Autorità Provvisoria della Coalizione capeggiata da Paul Bremer, agli esordi della guerra irachena.
Una parte del suo lavoro consisteva nell’assumere personale civile che lo rendeva parte integrante della macchina partitica che ha infarcito la Zona Verde di Giovani Repubblicani, banchieri d’investimento e stagisti di Dick Cheney. Le competenze non erano in cima alle preoccupazioni, laggiù, poiché la principale funzione dello staff era quella di elargire mucchi di denaro dei contribuenti a dei contractor privati, che poi erano quelli che di fatto gestivano l’occupazione [dell’Iraq]. È stato questo inarrestabile nastro trasportatore di denaro a far guadagnare alla Zona Verde quella reputazione, secondo le parole di uno dei funzionari dell’Autorità Provvisoria della Coalizione, di “zona di libera truffa”. Durante le audizioni al Senato lo scorso anno, quando [al capo in pectore del programma di salvataggio]» fu chiesto cosa avesse imparato dalla sua esperienza all’Autorità della Coalizione, rispose che riteneva che i
contratti avrebbero dovuto essere distribuiti con più “velocità e flessibilità”: ha citato ancora la stessa filosofia una volta assunto il compito di dare regole agli operatori di Wall Street.»

Anche nelle parole di Imhofe si coglie la forza del parallelismo tra il bailout e la guerra in Iraq: «L’ho imparato da molto tempo. Quando arrivano a dire che una cosa dev’essere fatta, che deve esserlo immediatamente, e che non si può fare altrimenti, dovete sedervi per fare un profondo respiro, e nove volte su dieci non stanno dicendo la verità», ha detto Imhofe. «Il Congresso ha abdicato alla sua responsabilità costituzionale nel firmare un assegno davvero in bianco a beneficio del Segretario del Tesoro», ha aggiunto.
«E questa è una di quelle nove volte».
In effetti lo scenario apocalittico usato in Iraq, le armi di distruzione di massa, fu un’ottima arma di “distrazione” di massa, in grado di far digerire al Congresso le leggi anticostituzionali, e ai contribuenti la sottrazione di risorse enormi dalle loro tasche. Un bell’assegno in bianco, come oggi. Dopo arrivano parziali ripensamenti, correzioni, negoziazioni parlamentari per le riconferme dei provvedimenti, e così via. Ma si tratta di atti che non emendano più di tanto il cuore delle trasformazioni che intanto si sono affermate. La “iraqizzazione” procede spedita.
Lo Stato, a lungo denunciato come “il problema”, diventa la grande vacca da mungere per chi ha le aderenze giuste.

9 ottobre 2008

Wayne Madsen Report: scenari di legge marziale


Articolo originale:
FEMA sources confirm coming martial law
di Wayne Madsen,
WMR - 8 ottobre 2008
Link su «Infowars.com»: [http://www.infowars.com/?p=5165].
Traduzione di Pino Cabras

Il WMR (Wayne Madsen Report) ha appreso da fonti ritenute credibili della FEMA (Federal Emergency Management Agency) che l'amministrazione Bush sta rifinendo gli ultimi ritocchi su un piano che vedrebbe la legge marziale dichiarata negli Stati Uniti con vari scenari previsti quali cause del suo innesco.

Tra questi “inneschi” è ricompreso un collasso economico continuo con massicci disordini sociali, chiusure di banche con conseguenti violenze a danno delle istituzioni finanziarie, e un’altra elezione presidenziale fraudolenta che si tradurrebbe in disordini nelle principali città e campus universitari in tutto il paese.

Inoltre, fonti dell’Army Corps of Engineer riferiscono che il compito della III Divisione di Fanteria della I Brigata Combat Team (BCT) per il Comando del Nord (NorthCom) dell’esercito USA sia quello di sostenere l'applicazione d’interventi della FEMA e della legge federale nell'imposizione di controlli stradali, nel controllo della folla, oltre a coprifuoco, sicurezza rafforzata alle frontiere e nei porti, e pattugliamenti di quartiere in caso sia dichiarata un’emergenza a livello nazionale.
La BCT è stata assegnata a funzioni in Iraq prima di essere assegnata al NorthCom.

Il 3 aprile 2008 il WMR già scriveva in merito a un documento segretissimo che riguardava lo scenario della legge marziale:

«Il WMR ha appreso da fonti ben informate della comunità finanziaria degli Stati Uniti che un allarmante documento segreto a distribuzione limitata sta circolando tra gli alti membri del Congresso e dei loro staff, nel quale si avverte di un futuro fosco per gli Stati Uniti se non riescono a mettere rapidamente ordine nel proprio bilancio. La Speaker della Camera dei Rappresentanti, Nancy Pelosi, è tra coloro che si dice abbiano letto il documento. Il fascicolo è denominato come il documento "C & R", perché si dice che affermi che se gli Stati Uniti diventano inadempienti rispetto ai prestiti e titoli di debito sottoscritti da Cina, Giappone e Russia, che stanno tutti schiacciando finanziariamente il governo USA, e se gli Stati Uniti unilateralmente cancellano i debiti, l'America può attendersi una guerra che avrà risultati disastrosi per gli Stati Uniti e il mondo. La “C” del documento sta per "Conflitto".
L'altro scenario è che il governo federale sarà costretto ad aumentare drasticamente le imposte per pagare i debiti verso i paesi stranieri al punto che il popolo americano reagirà con una rivoluzione popolare contro il governo. La “R” sta per "Rivoluzione".»

Nota
Wayne Madsen, ex analista della National Security Agency (NSA), è ora un giornalista investigativo con molte fonti interne all'intelligence, e impegnato a denunciare le azioni dei neocon in seno all'amministrazione statunitense. Cura il «Wayne Madsen Report».

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Aggiornamento dell'11 ottobre 2008:
Il presente post è stato ripreso da «ComeDonChisciotte» [QUI], da «AltraInformazione» [QUI] e da «Mercato Libero News» [QUI].